Acabo de comenzar a leer esta novela de Carlos Ruíz Zafón y ya en sus diez primeras páginas me viene a la memoria la inutilidad del canon por préstamo de libros en bibliotecas. Y es que dice (pag. 10-11):
"...En este lugar, los libros que ya nadie recuerda, los libros que se han perdido en el tiempo, vivien para siempre, esperando llegar algún día a las manos de un nuevo lector, de un nuevo espíritu. En la tienda nosotros vendemos y los compramos, pero en realidad los libros no tienen dueño. Cada libro que ves aquí (le está diciendo el padre al hijo de 11 años) ha sido el mejor amigo de alguien..."
Apoteósicas me parecen estas palabras. Nada mas cercano a la realidad.

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